Hay distintas formas de dar sentido a los síntomas.
Por ejemplo, puedes pensar en los síntomas como una molestia, una
Nuestras creencias sobre los síntomas son a menudo inconscientes, pero guían la forma en que interpretamos y respondemos a los síntomas.
Por ejemplo, creer que los síntomas siempre indican daños puede llevarte a hacerte pruebas médicas cada vez que experimentes un síntoma nuevo.
Ver los síntomas como un mensaje del cuerpo para que te tomes un descanso puede conducir a otro tipo de respuesta. Podrías ajustar tu estilo de vida e intentar descansar más.
La lengua es una herramienta que tenemos para dar sentido al mundo.
Podemos utilizar esta herramienta de distintas formas.
Por ejemplo, llamamos lenguaje al uso para trocear las cosas (lenguaje analítico).
Los conceptos dividen las cosas en categorías, que luego se consideran representativas de la realidad.
Este uso del lenguaje permite centrarse en los detalles, el análisis y la planificación, pero tiene un coste.
El pensamiento analítico crea una especie de realidad virtual, en la que las cosas que no encajan en categorías nítidas se consideran menos importantes, o menos reales. Nuestros conceptos y categorías pueden acabar sosteniendo un espejo distorsionador de lo que realmente ocurre.
Vivimos en una cultura «dominante del análisis». Lo vemos reflejado en nuestros viajes médicos. Una etiqueta diagnóstica actúa como una explicación. Si nuestros síntomas no encajan perfectamente en estas categorías, pueden considerarse menos importantes o menos reales.
Sin embargo, esto es sólo la mitad de la historia.
También tenemos otra forma de utilizar el lenguaje, que conecta la experiencia.
También podemos utilizar el lenguaje para entrar en contacto con el cuerpo y encontrar sentido y conexión. Este lenguaje de la poesía y los relatos comprende la realidad a través de la percepción, la intuición y el sentimiento.
Ambas formas de utilizar el lenguaje son útiles cuando necesitas dar sentido a una enfermedad.
Dar sentido a la enfermedad
La mente pensante siempre está intentando dar sentido a las cosas. Esto es especialmente cierto cuando tenemos síntomas nuevos o confusos.
Encontrar una explicación a un síntoma puede tranquilizarnos al pensar que no estamos gravemente enfermos y ayudarnos a encontrar un camino para sentirnos mejor.
Todos tenemos una serie de creencias sobre qué tipo de cosas pueden causar síntomas y cómo funciona el cuerpo.
Estas creencias se construyen a partir de las narrativas a las que estamos expuestos en la cultura, por ejemplo lo que te dicen los médicos, lo que lees en Internet o cómo se trató la enfermedad en tu familia mientras crecías.
Estas creencias e historias se entretejen con nuestra identidad y conforman la forma en que navegamos por el sistema sanitario y nos cuidamos a nosotros mismos.