¿Qué significan tus síntomas para ti?

Dar sentido a los síntomas.

Hay distintas formas de dar sentido a los síntomas.

Por ejemplo, puedes pensar en los síntomas como una molestia, una amenaza, un castigo o un mensaje para hacer una pausa.

Nuestras creencias sobre los síntomas son a menudo inconscientes, pero guían la forma en que interpretamos y respondemos a los síntomas.

Por ejemplo, creer que los síntomas siempre indican daños puede llevarte a hacerte pruebas médicas cada vez que experimentes un síntoma nuevo.

Ver los síntomas como un mensaje del cuerpo para que te tomes un descanso puede conducir a otro tipo de respuesta. Podrías ajustar tu estilo de vida e intentar descansar más.

La lengua es una herramienta que tenemos para dar sentido al mundo.

Podemos utilizar esta herramienta de distintas formas.
Por ejemplo, llamamos lenguaje al uso para trocear las cosas (lenguaje analítico).

Los conceptos dividen las cosas en categorías, que luego se consideran representativas de la realidad.

Este uso del lenguaje permite centrarse en los detalles, el análisis y la planificación, pero tiene un coste.

El pensamiento analítico crea una especie de realidad virtual, en la que las cosas que no encajan en categorías nítidas se consideran menos importantes, o menos reales. Nuestros conceptos y categorías pueden acabar sosteniendo un espejo distorsionador de lo que realmente ocurre.

Vivimos en una cultura «dominante del análisis». Lo vemos reflejado en nuestros viajes médicos. Una etiqueta diagnóstica actúa como una explicación. Si nuestros síntomas no encajan perfectamente en estas categorías, pueden considerarse menos importantes o menos reales.

Sin embargo, esto es sólo la mitad de la historia.

También tenemos otra forma de utilizar el lenguaje, que conecta la experiencia.

También podemos utilizar el lenguaje para entrar en contacto con el cuerpo y encontrar sentido y conexión. Este lenguaje de la poesía y los relatos comprende la realidad a través de la percepción, la intuición y el sentimiento.

Ambas formas de utilizar el lenguaje son útiles cuando necesitas dar sentido a una enfermedad.

 

Dar sentido a la enfermedad

La mente pensante siempre está intentando dar sentido a las cosas. Esto es especialmente cierto cuando tenemos síntomas nuevos o confusos.

Encontrar una explicación a un síntoma puede tranquilizarnos al pensar que no estamos gravemente enfermos y ayudarnos a encontrar un camino para sentirnos mejor.

Todos tenemos una serie de creencias sobre qué tipo de cosas pueden causar síntomas y cómo funciona el cuerpo.

Estas creencias se construyen a partir de las narrativas a las que estamos expuestos en la cultura, por ejemplo lo que te dicen los médicos, lo que lees en Internet o cómo se trató la enfermedad en tu familia mientras crecías.

Estas creencias e historias se entretejen con nuestra identidad y conforman la forma en que navegamos por el sistema sanitario y nos cuidamos a nosotros mismos.

Imagina cómo actuarías de forma diferente si creyeras:

A) Los síntomas siempre están directamente relacionados con una parte del cuerpo lesionada, dañada o enferma.

Un análisis de sangre o un escáner deberían revelar ese daño. Sólo así se puede saber qué tratamiento puede ayudar.

B) Los síntomas son mensajes del cuerpo.

Los mensajes sintomáticos nos hacen conscientes de las cosas que están desequilibradas en nuestra vida, de modo que podemos hacer cambios para mantenernos sanos.

C) Tus síntomas son un completo misterio.

No confías en que llegarás a comprenderlos.

D) Los síntomas actúan como rastros de memoria.

Los síntomas (una vez establecidos) pueden seguir recorriendo el cuerpo, incluso después de que haya pasado el desencadenante inicial.

¿Y si cambiar las historias que cuentas sobre tus síntomas pudiera ser una herramienta poderosa en la recuperación?

Cambiar la historia

Muchas personas experimentan que un cambio en la comprensión de su enfermedad es el primer paso de un proceso de recuperación. (Esto se aplica incluso a enfermedades muy graves).

Esto puede deberse a que estar abierto a pensar en los síntomas de distintas maneras sienta las bases para distintas vías de recuperación.

Si tienes tiempo, puedes leer cómo cambió para Terence ver los síntomas como una oportunidad para el cambio.

Y cómo cambió las cosas para Zoe, al obtener nueva información sobre la neurociencia que hay detrás de los síntomas.

Aquí tienes algunos consejos para explorar:

1. Confía en tu cuerpo para recuperarte.

Muchas personas se recuperan de los síntomas funcionales, y confiar en que las cosas pueden cambiar suele ser una parte importante de esa recuperación.

2. Mantén la curiosidad por los síntomas.

Por ejemplo, intenta dar la bienvenida a un síntoma de forma amistosa y curiosa.
¿En qué se diferencian los síntomas una vez que lo has hecho?

3. Toma conciencia de tus cámaras de eco

¿Refuerzan la narrativa existente sobre tu enfermedad?

4. Prueba el diario

Trabaja con estímulos de escritura, solo o con otros.

5. Pon a prueba tus narraciones en terapia

Esto puede ayudarte a tomar conciencia de tus estructuras de creencias existentes e introducirte en nuevas perspectivas.

Ejercicio de diario (reescribe tu historia)

El ejercicio completo dura entre 40 minutos y una hora.

Si te resulta demasiado largo, reparte los pasos en varias sesiones.

 

Herramientas:

Utilizar un ordenador o una aplicación para tomar notas funciona bien.

También puedes utilizar lápiz y papel (tijeras y pegamento opcionales).

 

El ejercicio
  1. Elige una pregunta de la siguiente lista:

Pregunta 1: Escribe la historia completa de un síntoma. Empieza por sus orígenes y escribe sobre él a lo largo del tiempo.

Consigna 2: Escribe una historia sobre cómo se entiende y gestiona la enfermedad en tu familia.

Prompt 3: Escribe una historia sobre cómo te han contado o has comprendido algo sobre tus síntomas.

2. Escribe libremente sin censura ni juicio.

Establece un límite de tiempo (por ejemplo, 10-15 minutos).

3. Lee toda la historia y subraya o resalta todas las palabras de la historia que describan reacciones.

Las reacciones pueden ser pensamientos, sentimientos, recuerdos, sensaciones, impulsos o cosas que hiciste. No destaques ninguna explicación de por qué reaccionaste: sólo la reacción en sí.

4. Lee la historia por segunda vez y, con un color diferente, subraya o resalta cada situación o hecho externo.

Son las cosas que ocurren en la historia, pero no tus pensamientos sobre ellas o tus reacciones ante ellas.

5. Copia todas las partes subrayadas o resaltadas de la historia en una página nueva.

6. Ahora escribir una nueva historia. I ncluye todos los elementos marcados con un círculo o subrayados en tu nueva historia.

No importa escribir una historia mejor, o más feliz, o más verdadera. El único criterio es que tenga sentido y encaje con el material subrayado y resaltado.

7. Lee en voz alta tu antigua y tu nueva historia.

Observa las diferentes respuestas emocionales mientras lees en voz alta.

(adaptado de la Terapia de Aceptación y Compromiso-ACT)