A menudo pensamos que la rehabilitación consiste en aumentar nuestra forma física. Es mejor abandonar esta idea.
Para muchas personas, la rehabilitación no se centrará en aumentar la forma física. La rehabilitación es mucho más amplia. Se trata de aprender habilidades y cultivar hábitos que ayuden a tu cuerpo en sus procesos naturales de curación.
La fisiología de la fatiga

El nivel del cerebro
Probablemente, la mejor forma de entender la fatiga es como una herramienta que utiliza el cerebro en su presupuesto energético.
Es muy importante que el cerebro no se quede sin recursos, por lo que la fatiga tiende a aparecer siempre que hay una posibilidad de que esto ocurra en el horizonte.
Esto significa que la fatiga se basa en expectativas e información contextual, como otros síntomas, es una experiencia generada por nuestro cerebro predictivo.
Parte de esta información contextual procede de otros sistemas del cuerpo.
Por ejemplo, nos sentimos fatigados cuando tenemos una infección o inflamación. El sistema inmunitario envía señales al cerebro de que necesitamos conservar energía, de que quizá necesitemos luchar contra un agente patógeno o recuperarnos y curarnos.
El tronco encefálico
El sistema nervioso autónomo se comunica a nivel del tronco encefálico y tiene un papel central en la señalización de la fatiga y la regulación de la energía.
Se trata de un cuadro complicado (una pequeña cantidad de estrés puede aumentar la energía a corto plazo; en realidad, la relajación fisiológica puede hacer que te sientas agotado), pero el estrés fisiológico crónico significa que hay un umbral más bajo para desencadenar síntomas.
El sistema nervioso autónomo también regula el flujo sanguíneo en todo el cuerpo, incluido el tejido muscular.
Tejido muscular
Por razones obvias, los científicos que buscan una huella de la fatiga, se han sentido atraídos por el músculo esquelético.
Si observas el músculo fatigado, puedes ver un menor flujo de sangre/oxígeno a los músculos (perfusión), y un medio menos saludable alrededor de las células.
Las células inmunitarias pueden activarse en este medio y desempeñar un papel en el mantenimiento del estado de protección similar al sueño de las células musculares.
Células del músculo esquelético
Las propias células musculares pueden mostrar cambios a medida que la fatiga se hace crónica.
Por ejemplo, las bombas de iones que son importantes para mantener la contractibilidad de las células se ralentizan.
Esto significa que algunos iones, sobre todo el sodio y el calcio (Ca2+), se acumulan en el interior de las células.
Esta acumulación de iones puede afectar a la fuerza de las contracciones del músculo.
Mitocondrias
Las mitocondrias son pequeños orgánulos que viven en todas nuestras células. Proceden de las bacterias, pero son una parte fundamental de la fisiología de las células eucariotas desde hace más de mil millones de años.
La función principal de la mitocondria es producir la unidad de energía llamada ATP, que alimenta muchos procesos de la célula, incluido el funcionamiento de las bombas de iones.
Para ello, las mitocondrias necesitan oxígeno, que les llega del aire que respiramos, a través del sistema circulatorio (perfusión), y energía de los alimentos que ingerimos.
Otra función de las mitocondrias es actuar como amortiguador del calcio. Cuando el calcio se acumula en las células musculares, al principio las mitocondrias lo absorben.
Sin embargo, a partir de cierto nivel, el calcio se vuelve ligeramente tóxico para las mitocondrias, ralentiza su producción de ATP.
Se necesita ATP para bombear los canales iónicos, que se ralentizan aún más: se establece un bucle disfuncional.
El cuadro completo
Cuando se tiene en cuenta el cuadro completo, las pruebas sugieren que en la fatiga grave y prolongada se establecen bucles disfuncionales a múltiples niveles (ver figura).
Se establecen nuevos estados estacionarios disfuncionales y resulta imposible distinguir qué bucle empezó primero y cuáles son efectos en cadena de la disfunción en otras partes del sistema.
Sin embargo, todo el sistema se ve afectado por el movimiento.
Por eso el movimiento suave, los estiramientos, el baile, los paseos o la natación, realizados dentro de los límites de tu cuerpo, son esenciales para despertar tus músculos.