¿Qué se siente al mover el cuerpo?

Ejercicio e inflamación.

El ejercicio tiene efectos tanto proinflamatorios como antiinflamatorios sobre el sistema inmunitario.

Durante el ejercicio: Una subida inicial de adrenalina desencadena la liberación de citoquinas proinflamatorias.

En la fase de recuperación: Se pone en marcha un bucle de retroalimentación que desencadena la liberación de citoquinas antiinflamatorias.

Esto significa que, para la mayoría de las personas, el ejercicio a primera hora del día tiene efectos antiinflamatorios que surten efecto al terminar el ejercicio.

Sin embargo, excederse con el ejercicio puede provocar un empeoramiento de los síntomas, sobre todo en las personas con sistemas inmunitarios sensibles.

Esto puede sonar como algo a evitar, pero es un error no mover el cuerpo en absoluto por miedo a provocar un brote. Tanto el sobreesfuerzo como el infraesfuerzo pueden mantener un entorno corporal inflamado.

Dado que el movimiento es esencial para la recuperación, el movimiento suave, como caminar, bailar, hacer yoga o nadar, realizado dentro de los límites de tu cuerpo, es el camino más equilibrado. Encontrar un tipo de movimiento que te guste y que puedas hacer con regularidad es importante para sentirte mejor, sea cual sea la causa de tus síntomas.

Mantener la flexibilidad es importante, incluso en los momentos en que los síntomas son peores. Esto se debe a que el tejido que ha perdido su flexibilidad tras la falta de actividad tarda mucho tiempo en recuperarla de nuevo.

Los estiramientos también favorecen una respiración adecuada y limpian el sistema linfático para reducir la inflamación. Por suerte, casi siempre es posible realizar estiramientos de algún modo, incluso estando en la cama.

Cuando estés preparado, desarrollar fuerza y resistencia tiene beneficios para síntomas como el dolor, la fatiga, la ansiedad, el bajo estado de ánimo y los síntomas de la disautonomía, así como para el sistema inmunitario y el cuerpo rítmico.

Si no te encuentras bien desde hace algún tiempo, puede ser necesario mejorar tu forma física gradualmente. Un buen consejo general es empezar a trabajar con estiramientos o movimientos sencillos sin tensión para relajar el sistema musculoesquelético.

Después de unas semanas de relajación, puedes empezar a realizar actividades que te aporten fuerza y resistencia como parte de tu día a día, por ejemplo, pasear al perro, subir escaleras, llevar la compra o a un bebé.

Siempre es mejor realizar una pequeña cantidad de entrenamiento diario que una gran cantidad varias veces a la semana o al mes. El entrenamiento episódico intenso puede causar episodios de “auge y caída” en el organismo, lo que puede mantener o empeorar los síntomas.

Sé consciente de cómo el ejercicio que realizas afecta a tus síntomas y a tu energía general.

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