Todos tenemos un estado de ánimo. A veces parece primavera, con cielos despejados. Otras veces estamos atrapados en un invierno duradero.
La depresión no es «sólo» una enfermedad mental: también tiene muchos efectos corporales.
Cuando nos sentimos decaídos, cansados o ansiosos, no sólo afecta a nuestra forma de pensar: todo se vuelve más pesado, lento y difícil, incluidas las funciones corporales.
El bajo estado de ánimo puede hacer que tu cuerpo se sienta cansado y tenso. Es frecuente tener dolor, problemas digestivos y dificultades para concentrarse y recordar cosas cuando estás deprimido.
La depresión también conlleva un sesgo hacia lo negativo.
La depresión suele llevar incorporado un sesgo negativo, una tendencia a ver las situaciones, los síntomas e incluso los acontecimientos neutros de forma más negativa.
Esto puede crear un ciclo: bajo este sesgo negativo, una pequeña sensación, como un aleteo en el estómago o un músculo tenso, empieza a resultar preocupante o incluso dolorosa.
La preocupación o la ansiedad suelen acompañar a la depresión, y pueden alimentar aún más el ciclo.
A veces es difícil saber qué fue primero
No todas las personas con un trastorno funcional están deprimidas, pero las investigaciones demuestran que a menudo van juntas.
¿El malestar causó el mal humor, o el mal humor causó los síntomas?
Sentirse mal puede causar bajo estado de ánimo. Cuando te preocupan los síntomas, puedes retirarte de las actividades, perder conexiones con los demás y verte obligado a entrar en un estado de incertidumbre, todo lo cual aumenta el riesgo de depresión. Pero el bajo estado de ánimo en sí mismo también puede causar o mantener los síntomas.
Al final, no importa mucho qué fue primero.
Si tu estado de ánimo es bajo, conseguir apoyo para tu salud mental es clave para sentirte mejor también físicamente.