Para escapar de estos pensamientos angustiosos, puedes recurrir a ciertas estrategias.
Un método habitual es buscar síntomas en Internet. Pero a menudo resulta contraproducente: una simple búsqueda de un dolor de cabeza puede llevar rápidamente a páginas alarmantes sobre el cáncer, lo que alimenta la ansiedad en lugar de calmarla.
Otro planteamiento es pedir cita con el médico siempre que notes algo inusual. Tal vez evites los lugares públicos para evitar contagiarte un virus, o busques el consuelo de amigos y familiares, hablando a menudo con ellos de tus preocupaciones por la salud.
Aunque estas acciones pretenden tranquilizarte, normalmente sólo ayudan a corto plazo, si es que ayudan.
Con el tiempo, pueden mantener la ansiedad haciendo de la enfermedad un foco central en tu vida diaria.
Lo que ocurre en nuestros pensamientos repercute en nuestro cuerpo.
Las preocupaciones y los pensamientos excesivos provocan estrés corporal que mantiene la fatiga y otros síntomas.

Este diagrama muestra dos formas alternativas de responder cuando notas un pensamiento preocupante sobre un síntoma
A la izquierda, puedes ver cómo permanecer atrapado en los pensamientos conduce a una espiral vicaria.
No se encuentra ninguna solución a través de la preocupación. Al mismo tiempo, la rumiación provoca una excitación en el sistema nervioso autónomo que intensifica las sensaciones corporales.
Esto puede derivar en un estado de pánico.
A la derecha, puedes ver lo que ocurre si te acercas a la sensación con curiosidad
Utilizar la respiración puede ayudarte a permanecer con las sensaciones del cuerpo y a explorarlas, puede ayudar a nuestro cuerpo a entrar en un estado de reposo fisiológico.
Esto nos permite dirigirnos hacia las sensaciones reales del cuerpo. Se vuelven menos aterradoras y, con ello, menos intensas.
Atreverse a abandonar la preocupación
A veces no nos atrevemos a esperar mejorar. Seguimos creyendo que en el fondo hay una enfermedad grave en el cuerpo que hay que curar. Nos presionamos para averiguar de qué se trata y nos preocupa bajar la guardia por si a nosotros o a nuestros médicos se nos escapa algo importante que necesite un tratamiento específico.
Estas preocupaciones parecen lógicas a primera vista. Nos aferramos a las preocupaciones porque creemos que pensar en un asunto o problema concreto nos protegerá. Sin embargo, la rumiación rara vez nos conduce a soluciones útiles.
Dale permiso a tu mente para que deje de buscar constantemente razones por las que tienes determinados síntomas y confía en la capacidad del cuerpo para curarse y recuperarse cuando se dan las condiciones adecuadas.
Esto no significa ignorar las preocupaciones o los nuevos síntomas.
Las pruebas médicas pueden ayudarnos a comprender si hay que hacer algo específico para apoyar nuestra salud.
Es esencial encontrar un equilibrio: ni ir corriendo al médico al primer síntoma leve ni ignorar por completo las señales de alarma.